
Luego están los niños. DioS bendiga a la infancia y sus gritos. Y a las canicas. Trato de hacer memoria y me arrepiento de lo que yo pude también significar para los míos. Aunque a las canicas, yo, jugaba en la alfombra.
Luego están los que te cuentan su vida, o la del resto del edificio. En el ascensor, cuando estás cogiendo la correspondencia o en cualquier momento en que no puedas verlos de lejos y hacerte el geólogo (esto es, mirar al suelo como si buscaras algo mientras te los cruzas). Lo peor es que te lo relatan sin tan siquiera haberles tu preguntado nada. Lo mismo sólo les has dado los buenos días y ya te están contando que tal y la otra... Yo tengo una que es la reina de esta categoría. Un día después de estar oyéndola cacarear durante muchas plantas, mi padre y yo, nos salimos del ascensor. Se cerraron las puertas. Y a la mujer se la oía hablando todavía. Y entonces pudimos oír al marido que le decía: "P___, P___, que ya se han bajado".
3 comentarios:
Yo tengo de esos vecinos!! Una vez una vecina decidió enviar una carta "anómina" a mi casa (dirigida a mis padres) diciéndo que su hijo se dedicaba a hacer fiestas en su ausencia donde, y cito textualmente "las voces quebradas por el alcohol resonaban en la noche" Y todo esto porque no la invité a la fiesta!!
Lo de las canicas no son los niños. Vienen con el piso y los vendedores te obligan a ponerla en el lugar más alto e inestable de la casa, para que se caiga a menudo. ¿No ves que todos los vecinos tienen una, que además suenan siempre igual?
(pd. esto de blog del día me está descubriendo unos cuantos buenos blogs, mi enhorabuena)
Ja, ja...me suena la primera historia de las amigas con vecinos golpeadores de paredes:)
Es que mis posts son como las pelis de Antena3, basados en hecho reales...
besos
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