Que conste que los míos son estupendos. Pero siempre hay anecdotillas que recordar. Por ejemplo, se me vienen a la cabeza unas amigas que tenían unos vecinos peculiares. Eran de otra escalera. Y ellas hacían alguna fiesta de vez en cuando. Los vecinos, resulta que daban golpes en la pared en esos días festivos y en algún otro. Lo curioso, es que en una de esas múltiples noches en las que no había fiesta. Una de ellas, estaba sola leyendo en casa. Cuando empezó a sentir golpes en la pared y a oír a alguien que gritaba: "estamos hartos de ruido, y de fiesta, cabrones...". Mi amiga no pudo evitar algo de miedito. A los de esta guisa los podríamos clasificar como vecinos lunáticos o de gran imaginación.Luego están los niños. DioS bendiga a la infancia y sus gritos. Y a las canicas. Trato de hacer memoria y me arrepiento de lo que yo pude también significar para los míos. Aunque a las canicas, yo, jugaba en la alfombra.
Luego están los que te cuentan su vida, o la del resto del edificio. En el ascensor, cuando estás cogiendo la correspondencia o en cualquier momento en que no puedas verlos de lejos y hacerte el geólogo (esto es, mirar al suelo como si buscaras algo mientras te los cruzas). Lo peor es que te lo relatan sin tan siquiera haberles tu preguntado nada. Lo mismo sólo les has dado los buenos días y ya te están contando que tal y la otra... Yo tengo una que es la reina de esta categoría. Un día después de estar oyéndola cacarear durante muchas plantas, mi padre y yo, nos salimos del ascensor. Se cerraron las puertas. Y a la mujer se la oía hablando todavía. Y entonces pudimos oír al marido que le decía: "P___, P___, que ya se han bajado".













