
Imagínense cualquier otro deporte de lucha que siguiera las mismas pautas. Boxeadores, karatekas etc. haciendo como que se dan de tortas pero sin darse. Dando pisotones al suelo para aparentar que se golpean. Sería surrealista. El público se indignaría. La prensa pondría el grito en el cielo. Los niños que practicasen esos deportes se sentirían defraudados y se darían a la heroína. Una auténtica hecatombe.
Sin embargo en el pressing catch todo esto se acepta, se comprende y se admira. Que los luchadores se cubran de atuendos propios de King Africa. Que se pongan seudónimos tan absurdos como Macho Man, Terremoto Earthquake (primo de Chicho), Mr. Perfecto o los Sacamantecas. Que antes del combate se insulten, amedranten y amedrenten, como si se odiasen a muete. Cuando en realidad todos sabemos que son amiguitos. Si no lo fuesen, no podrían decidir antes quién gana de manera civilizada.
Y a pesar de que casi todo el mundo es consciente de la farsa (exceptuando quizá los que aun creen en los reyes magos y en el ratoncito Pérez). El seguimiento de esta pantomima no sólo no ha decaído, sino que crece con los años. Nuevos luchadores, nuevas federaciones y nuevas generaciones enganchadas. Una pena.
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