martes, 7 de octubre de 2008

De las palomas

Despotrico hoy de estas desagradables criaturas. Primero porque son feas. Mira que a mi me gustan los pájaros... pero esos colores grisáceos, esos cuellos verde pez, esos ojos rojos inyectados en sangre, ese cuerpo Johnny Bravo, esas patas sobredimensionadas... Además tienen un andar bobalicón que me pone nerviosito. Y son guarras. Porque comen basura, beben en los charcos más pútridos y luego cagan por doquier poniéndolo todo perdido. Sus excrementos son como la sangre del bicho de Alien. Atraviesan el suelo, destrozan la pintura del coche, corroen los edificios... Si no por qué en las catedrales hay esos pinchos en las repisas. Son para que no se posen las muy cerdas. No por nada las llaman ratas voladoras o ratas del aire. De hecho, después de Ratatouille me inspiran más cariño las ratas y ratones que estos engendros alados. Cuando estoy en una plaza y de repente echan a volar y me rodean por todas partes me viene a la cabeza la escena de Indiana Jones (la 3). La de las ratas (y la rubia) en las catacumbas venecianas. Me cambiaría por él encantado.

Y a qué majadero se le ocurrió nombrarlas símbolo de la paz. ¿No había otro bicho mejor?. ¿El koala? ¿O el panda rojo? (también conocido como firefox). Por lo menos estos son achuchables. Porque a mi las palomas me parecen de todo menos pacíficas. Fijaos si no cuando algún lunático las esté dando de comer. Porque sólo un enfermo puede sentir afecto por estas alimañas. Como se picotean las unas a las otras por un trozo de pan.

Dicen que la madre naturaleza es sabia. Yo opino que no. Si no se hubieran extinguido estas parásitas en vez del dodo.

1 comentario:

Magapola dijo...

A mí tampoco me gustan, como pájaros de ciudad me quedo con los pequeños gorrioncillos.

Tienes razón en lo de su color, pero en la foto que has colgado salen de un azul hasta bonito, ¿no?