viernes, 4 de julio de 2008

De los taxistas

Hoy quiero hacer referencia a este curioso colectivo. Me centraré en los que trabajan en Madrid porque son los que más conozco. Primeramente decir que no todos son como a los que posteriormente me referiré sino que la mayoría son personas normales y corrientes, educados y honrados. Sin embargo existen otros taxistas que empañan la reputación del resto y que se pueden clasificar en las siguientes categorías:
  • Los que tratan de hacerte el lío: Son la némesis del GPS. Te llevarán siempre por el camino más largo y/o atascado. Suelen cebarse en los guiris y en la gente que no es de Madrid porque al no conocer la ciudad hay menos probabilidades de que les calen. Si no me creéis probad un día que llevéis maleta a poner acento andaluz, gallego...
  • Los que van como locos: Este subtipo no respeta ninguna norma de circulación. No saben lo que es un intermitente. Adelantan por la derecha en carretera y conducen como "listos" todo el tiempo. Esto es, cambiando de carril en el último momento, saltándose semáforos... Una vez uno de estos me llevó por toda la Castellana (de Colón a Manoteras) sin parar en ningún semáforo. Os podréis imaginar que muchos estaban en amarillo rojizo. Espeluznante experiencia. Me cagué más que en el Dragon Khan.
  • Los melómanos: Son esos que llevan radio olé, cadena dial, los 40... a todo trapo. Si vas acompañado no podrás charlar y si vas solo no podrás ni pensar. Están íntimamente relacionados con el el siguiente subtipo.
  • Los radiófilos: Esos que siempre están escuchando radios panfletarias. Verbigracia la Cope o la Ser. Y que no sólo te machacan con la realidad inventada sino que muchas veces tratan de hacerte partícipe. Yo suelo seguirles la corriente o fingir que tengo problemas de audición.
  • Los siesos: Los que te montas en el taxi, les dices la dirección de destino y no vuelves a oír su voz en todo el trayecto. Dan un poco de miedito pero son útiles cuando te tienes que preparar alguna reunión, examen... En cualquier caso son preferibles a los siguientes.
  • Los charlatanes: Para ellos el silencio es algo de otra dimensión. Como decía Atahualpa Yupanqui en "Los ejes de mi carreta": "...no necesito silencio, yo no tengo en quien pensar..". Tienden a contarte su vida y a tratar de averiguar la tuya y son especialistas en frases intrascendentes del tipo: "el tiempo está loco" o "en Madrid no se puede con el tráfico"... Están muy relacionados con los que vienen a continuación.
  • Los de leyenda: Son los que te cuentan leyendas urbanas del tipo "se quitó el casco y era el rey" u otras anécdotas de dudosa credibilidad. Uno una vez me contó que se le había montado Raúl en el taxi y que le pidió un autógrafo para su hija pensando que era Antonio Banderas. Lo de este hombre no eran las caras. Otro nos relató en otra singladura como Viggo Mortensen se había montado en su taxi y le había firmado y regalado el guión del Señor de los Anillos. Encima imitaba lamentablemente su acento argentino. Lo peor es que tampoco te puedes reír en su cara porque lo mismo les sienta mal.
  • Los graciosillos: Son esos que, o bien empiezan a contar chistes sin venir a cuento, o te dicen eso de: "...te han dicho alguna vez que te pareces un montón a...". En mi caso Alex Ubago. El de Viggo Mortensen también era de este subtipo.
  • Los maleducados: Esos que cuando te quieres dar cuenta se han encendido un pitillo. Ahora bien, con la ventana abierta. Y hablando de ventanas también la suelen llevar abierta en pleno invierno. No se dan cuenta de que en la parte de atrás el airecito se nota bastante más. Son los que te obligan a usar la construcción "le importaría". Le importaría apagar el cigarro. Le importaría cerrar la ventana que me estoy helando...
Luego debemos hacer referencia a los distintos accesorios que pueblan sus taxis. Uno de los que más me apasiona es esa suerte de alfombrilla de bolitas que llevan en el asiento. Siempre me he preguntado para qué puede servir. Se supone que es para estar más cómodos o será para no quedarse pegados al asiento. A mi me da la sensación de ser un accesorio más propio de un faquir que de un taxista. Y hablando de bolitas, qué me decís de esa bola que algunos llevan adherida al volante y que es el único lugar de donde agarran para maniobrar. Siempre que veo una pienso que el día que se les despegue se van a dar una galleta antológica. Otro elemento añadido que me encanta son las fotos de los hijos que a veces suelen incluir el lema "papá no corras".
Y para finalizar resaltar la dificultad para encontrar un taxi libre. Pasa como con los sitios para aparcar. Cuando los necesitas nunca aparecen. Me gustaría oír lo que hubiera dicho Murphy (el de la tostada, no Robocop) si hubiera tenido que coger un taxi en Madrid.

No hay comentarios: