Hoy quiero fijar mi objetivo en esas personas cuya principal misión en la vida es ser un triste y llorar sus penas. Penas que incluso se inventan. Crisis existenciales, familiares, laborales o de pareja. Son esos que tienen dinero, salud, trabajo, novia, casa, familia, prestigio internacional... y todo tipo de condiciones que en teoría debieran hacerles felices pero que no lo logran. La pregunta: "¿Qué tal todo?" es la que suele desenmascararles. Será entonces cuando empiecen a relataros la retahíla de desgracias que les consumen. Es por ello que tu, sorprendido por la respuesta, comienzas a preguntarle punto por punto (trabajo, salud...) y te das cuenta de que en realidad no tiene ningún problema. Como mucho mental.Los tristes escuchan música para tristes (esa en que todo es lloriqueo y lamentos), hacen planes de tristes (quedarse en casa rumiando su desgracia), tienen amigos tristes (que comparten sus inexistentes angustias) y están todo el día con cara de pena.
Cuando los tristes no tienen suficientes motivos para estarlo recurren a las vidas de gente cercana para proyectar sus frustraciones y miedos. Si tampoco tienen a su alrededor motivo de tristeza lo buscarán en las cosas más banales que os podáis imaginar. Como que no les funciona el emule, que su equipo ha perdido o que la vida está muy cara... en fin, razones para ser infelices nunca les faltan.
Los tristes suelen ser evitados por sus congéneres "normales". Porque a nadie le apetece estar escuchando desgracias ficticias todo el día. Así que, tristes, ya sabéis : ¡Alegrad esa cara, coño!.
